Ante una inocente pregunta en un foro de debate; uno no puede, a veces, evitar excederse considerablemente en la respuesta. ¿Qué cambiarías de ADE -carrera que llevo cursando tres años- y qué importaciones propondrías de otras fases de la vida educativa?
En primer lugar, me gustaría disculparme por la extensión; pero hay temas que afectan especialmente a uno. Se nos pregunta qué se debería enseñar en una facultad de economía y cómo. Comenzaremos, brevemente, haciendo referencia al profesor Niall Fergusson –extraído de la lectura del profesor Domínguez- , quien señala que estudiantes a los que se ha enseñado en las mejores universidades del mundo “no conocen la diferencia entre el tipo de interés nominal y real.”
Solamente esa crítica de media línea sería suficiente para cambiar radicalmente un programa de estudios. La pregunta sería la siguiente: ¿Qué hace un licenciado en Administración y Dirección de Empresas durante cuatro años si al recibir el título es incapaz de decidir la mejor vía de financiación para su empresa por desconocer la diferencia entre interés nominal y real? ¿Con qué clases, exposiciones, trabajos, tesis y pensamientos variados se han llenado quizá más dos mil horas lectivas?
Coincido con el profesor Domínguez: debería existir un primer ciclo en el que se plantease simplemente unos conocimientos básicos –pero sólidos y necesarios- por áreas sin los cuales no puede ni administrarse ni dirigirse una empresa.
Sería interesante conocer cómo se contabiliza realmente en la empresa –abandonar sistemas arcaicos y facilitar la familiarización del alumnado con programas informáticos utilizados hoy en día-, hacer tangibles los documentos que se utilizan en Hacienda o en materia de Seguridad Social, cómo se escoge un préstamo o cómo se interactúa con un cliente (habilidades sociales) y nociones básicas de expansión de un negocio a través de las nuevas tecnologías.
Para más adelante se podrían dejar conocimientos basados en otros instrumentos algo más complejos, pero también utilizados en la vida real. Por ejemplo, continuando con el ejemplo de financiación, podrían presentarse medios de cobro o pago en el comercio internacional, mercados de opciones, problemática del comercio electrónico. Todo ello de forma real, con un cierto contenido teórico, pero sin perder de vista qué es lo que se requiere para administrar y dirigir.
Hay veces que da la sensación de que no existe un término medio. Por un lado, ¿de qué sirve a un alumno memorizar siete definiciones de empresa, de ciencia o conocer exactamente los metros cuadrados que diferencian un supermercado de un hipermercado? Por otro, ¿es imprescindible demostrar matemáticamente la varianza o saber representar gráficamente bienes complementarios para poder dirigir un pequeño negocio?
Creo que se intenta, sin conseguirse, dar una formación desde el primer momento para lograr doscientos ejecutivos de GM, IBM o Appel por promoción –y por facultad- y se obvia por completo tanto el fomento del carácter emprendedor –no es que en este país no haya ideas o seamos miopes: quizás falte el conocimiento para poner en marcha la maquinaria- como, y lo que es más evidente, que GM sólo hay una. ¿Cómo puede ser que, después de tres años, no se haya explicado de forma sencilla los pasos a seguir para crear una pequeña empresa? ¿Alguien sabría –si no es porque se ha interesado por su cuenta en saberlo, perdiendo su tiempo- por dónde empezar?
Si veo positiva la enseñanza en esta carrera de políticas macro –quizás peco de subjetividad porque siempre me sentí más atraído por Económicas- y me parece oportuno, aunque entiendo que no todos coincidiremos y todos cambiaríamos cosas, en que en ambas Macros se haya ofrecido –a diferencia de los cursos de licenciatura- una visión lógica en la que el componente matemático se veía reducido considerablemente y que permitía conocer qué rayos sucede con la inversión o con la inflación cuando bajan o suben los tipos de interés.
Por último si debemos señalar aspectos positivos que pueden extraerse de otras etapas educativas, nos quedamos de la educación primaria, el seguimiento individualizado del alumno y la facilidad de acceso al docente y de la formación profesional, su proximidad al mundo de la empresa y la concreción de sus programas. La educación secundaría creo que debería revisarse también profundamente. Pero eso es otra guerra.
P. Guerrero
